21 feb 2009

Rock en español en Dallas

En los últimos años, cientos de jóvenes han edificado en Dallas lo que hoy podría considerarse un 'paraíso' para el rock en español original.

Los músicos, promotores y fans que dan vida a este movimiento, tienen el mérito de haberlo construido pese a los retos y avatares que suelen acompañar a la condición de inmigrante que la mayoría de ellos comparte. Lo hicieron también, gracias a que están en una tierra donde soñar, aún hoy, sigue siendo posible.

El rock en español vive hoy el mejor de sus momentos en Dallas y, sin embargo, algunas bandas de este movimiento creen que quizás tendrían que emigrar, esta vez al sur, para poder alcanzar sus más grandes anhelos.


Por OCTAVIO RIVERA LÓPEZ
Al Día

Abajo, cerca de 200 discípulos de ese género musical nacido en los 50, contestatario y enérgico por definición, que lleva décadas sonando por el mundo. Son, todos, estupendos alquimistas que hacen del modelado capilar, la mezclilla entubada, el cuero y los Converse pringosos, su medio predilecto de expresión; el grifo del que emana su identidad.

Arriba, en la tarima, juglares modernos con guitarras eléctricas, bombos, teclados y micrófonos, en el delirio total porque están a punto de ventilar con música sus "netas" más profundas.

Sigue el link para el resto de la historia: http://www.aldiatx.com/sharedcontent/dws/aldia/main-lead/stories/DN-rockEspa%C3%B1ol_21dia.ART.State.Edition1.32aedb2.html


Slideshow:

18 feb 2009

La estatua de Buendía

En 1984 fue asesinado el periodista Manuel Buendía, con quien no sólo tengo la profesión en común, si no también el origen. Buendía nació en Zitácuaro, Michoacán, como yo.
Hoy, 19 de febrero de 2009, fue concedido un amparo definitivo a Rafael Moro Ávila, quien durante casi 25 años estuvo detenido como presunto homicida del periodista michoacano.
Moro Ávila saldrá hoy de prisión y no faltará quien reactive los señalamientos sobre las oscuras circunstancias de su muerte.
Pero las versiones oficiales en México nunca han estado sujetas a modificaciones, ni si siquiera a las que pudieran estar sustentadas en evidencias supervinientes que le den claridad a los hechos.
Yo me conformaría con saber que la autoridad municipal en Zitácuaro se decide, por piedad de Dios y de una vez buena chingada vez, a sacar de los rincones mugrosos del olvido (donde se encuentra hoy) la estatua de mi colega periodista, de mi paisano, y le encuentra un lugar mejor, más digno.